FILOSOFIA Y LOGICA

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EL MAL, LA DUDA, EL MISTERIO

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1 EL MAL, LA DUDA, EL MISTERIO el Jue Oct 07, 2010 8:29 pm

"Toda la historia del hombre desde sus orígenes, sea el que sea el ritmo del tiempo, está atravesada por la voluntad de poder, sólo moderada, pero no completamente vencida, por la voluntad buena. Una vez Hegel definió la historia como un inmenso matadero. Y matadero ha sido. No veo ninguna razón para que no siga siendo un matadero. Termina una guerra, comienza otra. [...] Nada nuevo bajo el sol".

La cita, sacada de una entrevista a Norberto Bobbio realizada por Vittorio Possenti, pertenece al volumen colectivo Il monoteísmo, editado recientemente por Mondadori.
En la entrevista, destaca con impresionante claridad la "visión no optimista de la vida y de la historia", escribe Bobbio, "que siempre me ha obsesionado y aún más en estos últimos años de fatigosa vejez". No es una excepción en este marco el panorama religioso.
"No quisiera exagerar, pero mi impresión es que hoy la mayor parte de los conflictos étnicos que turban la paz en el mundo se agravan y son más violentos e insolubles debido a tradicionales enemistades de carácter religioso".

Ya anteriormente Bobbio había escrito de "un peligro no menos grave que el nihilismo, el fundamentalismo religioso, cuyos seguidores, presentes en todo el mundo y en rápido aumento, al grito de "Dios lo quiere", cometen delitos más feroces. Nihilismo y fundamentalismo amenazan desde dos vertientes opuestas el porvenir de la humanidad.

Quien ve en nuestro futuro sólo el peligro del nihilismo, ve los males del mundo con un solo ojo".
El pesimismo de Bobbio parece arraigado, profundo. En su diálogo epistolar con Augusto Del Noce, publicado en su momento por la revista Micromega, escribía que "el mal absoluto es [...] la Historia que hasta ahora no ha encontrado su propia redención". El tono amargo saca a la luz una vena subterránea de las reflexiones del filósofo piamontés que, latente, se ha vuelto manifiesta después de la crisis, en Italia, de la "primera" República y el declive de las esperanzas suscitadas, en el bien y en el mal, por el comunismo histórico. El fin de la "ilusión de haber entrado en la edad de una nueva Ilustración"(6) y el hecho de haberse dado cuenta de los límites del racionalismo ético-político ponen en primer plano el tema del mal, del dolor, del enigma de vivir.

Pintor y el dolor de Job

Un documento significativo de este peculiar clima es la narración autobiográfica de Luigi Pintor Il nespolo, publicado en 2001. El desencanto que separa la existencia de la política es tajante. Algunos aforismos: "La política es un sucedáneo mediocre [...] y, sin embargo, era la sal de la tierra; no se sabe si ha cambiado la sal o ha cambiado la tierra"; "Ya nadie quiere mejorar el mundo, todos quieren enriquecerlo y piensan que es lo mismo"; "El Papa romano ha declarado que la computadora le ha cambiado la vida. La máquina en lugar de la gracia, Internet en lugar de la comunión de los santos".

Lo que queda, en el desierto, no es la profundidad de las ideas, sino la de los sentimientos. "Más que nada valen y resisten las personas amadas, incluso las que se han perdido y una sola que queda. No hace falta ser el Eclesiastés para darse cuenta de que todo lo demás es viento".

Bobbio y los límites de la razón

La inquietud pascaliana es una inquietud que, en una generación de formación rigurosamente laica, aflora entre las mallas del racionalismo. Esto es especialmente evidente en Norberto Bobbio. Convencido de que el saber científico, mucho más que el filosófico, ha contribuido a los progresos de la razón y a la superación de las supersticiones. Bobbio confiesa, sin embargo, que "cuando más sabemos, más sabemos que no sabemos". Lo que no sabemos es, en particular, lo que mayormente nos urge, el sentido total del ser, de nuestra existencia. Se trata de cuestiones que la filosofía analítica quisiera eliminar y que, por el contrario, son el "punto encendido" (frase de Cesare Pavese) del yo. Preguntas que, en la vejez, son graves y penosas. "Cuando siento que he llegado al final de mi vida sin haber encontrado una respuesta a las preguntas últimas", escribe en el ensayo Religione e religiositá publicado en Micromega "mi inteligencia se siente humillada, humillada”.

Saber que nada se sabe es lo que Bobbio llamada "mi religiosidad". "Para mí religiosidad significa simplemente tener sentido de los propios límites, saber que la razón del hombre es una pequeña lamparilla que ilumina un espacio infinito respecto a la grandiosidad, a la inmensidad del Universo".
Esta desproporción, pascalianamente entre la nada y el infinito, entre lo pequeño y el todo que lo rodea, se traduce en una percepción del misterio. "Lo único de lo que estoy seguro, siempre estando entre los límites de mi razón [...] es si acaso que yo vivo el sentido del misterio, que evidentemente es común al hombre de razón y al hombre de fe.

Con la diferencia de que el hombre de fe llena este misterio con revelaciones y verdades que proceden de lo alto, y de las que no consigo convencerme. Sin embargo, fundamentalmente queda este profundo sentido del misterio que nos rodea, y que es lo que yo llamo sentido de religiosidad". Un "sentido" que "abruma", "agita", "atormenta". Una "religiosidad de la duda", no de las respuestas seguras. "Yo acepto sólo lo que cabe en los límites de la estricta razón, y son límites de verdad estrechos: después de pocos pasos mi razón se detiene, mientras que, si uno quiere recorrer la senda que penetra en el misterio, el camino no tiene fin".

El camino interrumpido pasa "de la duda a la verdad y de nuevo a la duda". La razón no puede admitir la Revelación, no puede creer en los milagros, en el pecado original, en el Antiguo Testamento, en el rostro antropomórfico del Padre. No puede creer ni siquiera en la inmortalidad personal. Bobbio no puede creer: "La respuesta de la fe es consoladora". Creció católico, pero perdió la fe a la edad de veinte años. A pesar de ello no se siente "ateo".

"Hay quien dice: "soy ateo", pero yo no estoy seguro de saber lo que significa. Pienso que la verdadera diferencia está entre quien, para dar un sentido a su vida, se plantea con seriedad y responsablemente estas preguntas y buscar la respuesta, aunque no la encuentre, y aquel al que no le importa nada". Como en Pascal la humanidad se divide entre quien busca respuesta a la pregunta que la vida nos hace, y quien renuncia a la búsqueda. La religión es "consoladora", pero no es sólo esto. La religión "revela" también verdades sobre los problemas a los que el saber no alcanza: "respuestas a preguntas que cada uno se plantea en el umbral de la muerte".

Bobbio confiesa "he seguido reflexionando sobre los grandes temas de la existencia y ninguna de las respuestas de la religión me han convencido. Pero, al mismo tiempo, tampoco yo he conseguido dar respuestas. Así que digo de nuevo que tengo un sentido religioso de la vida porque soy consciente de que hay un misterio que es impenetrable. ¡Impenetrable!".

Un mundo que ya no conoce la gracia

La aparente "casualidad" de la muerte no distingue entre buenos y malos, el sol resplandece para los dos. Esto hace que el misterio sea aún más profundo. "No hay respuesta al problema de la mala distribución de la justicia. Stalin muere en su cama, Pinochet morirá en su cama, y Anna Frank en un campo de exterminio. Los tiranos que mueren en su cama y la muchacha inocente en un campo de exterminio. Los tiranos que mueren en su cama y la muchacha inocente en un campo de concentración: no hay justificación alguna, simplemente es terrible".

De la constatación de esta injusticia Max Horkheimer, en sus últimos años, deducía la nostalgia del totalmente Otro, de Dios, "nostalgia según la cual el asesino no puede triunfar sobre su víctima inocente".

Al final de su entrevista Vittorio Possenti revela la conmoción del hombre al recordar a su mujer: "Fue un amor purísimo, muy delicado, muy dulce. [...] Con Valeria, por Valeria, mediante Valeria he comprendido qué es la muerte y qué es el amor [...] Está presente, aquí en mi pecho. Sigue amándome. [...] He aprendido que el amor es más fuerte que la muerte.
"Fuerte como la muerte es el amor" dice el Cantar de los Cantares. Esta fuerza es el núcleo de toda gran expresión religiosa; es, de alguna manera, el "resquicio" por donde el misterio se hace presente. El Inefable, del que nada se puede decir, halla su punto de contacto con lo humano en un rostro amado, que nadie te puede quitar.

El doloroso vaivén "de la duda a la verdad y de nuevo a la duda", se puede suspender, por lo menos en un punto. Si esto es verdad se concentra la forma auténtica del interrogativo religioso, incluso el de Bobbio. Esta forma no nace primariamente de un pesimismo radical, que fácilmente puede degenerar en cinismo y en odio, incluso en odio "religioso", sino del amor por alguien, de un bien reconocido que provoca, por contraste, el enigma de la nada, de la muerte, de la pérdida de lo que, gratuitamente, da felicidad. Lo "religioso", como escribe Pintor, es una "petición de resarcimiento contra este destino", es la "integración del mundo herido".

Para quien ha pasado una vida tratando de hacer que el hombre sea el artífice de su destino esta, como observa Bobbio, es una afirmación que comporta una firme humillación. Pero hay grandeza en ello. El itinerario de una generación puede reflejarse en ella sin hipocresías, sin las "faustianas" y decadentes celebraciones de la fuerza o las ridículas alabanzas de la nada y del sin sentido. Documento precioso, la confesión de Bobbio al igual que la de Pintor, es una de las pocas cosas humanamente verdaderas en el vacío cultural e ideal que nos rodea.

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