FILOSOFIA Y LOGICA

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La interioridad.

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1 La interioridad. el Mar Oct 05, 2010 4:31 am


La interioridad.

Mientras que los seres infrahumanos se encuentran determinados respecto a su acción y si se trata del mundo animal -en el que se da el conocimiento sensible- esta acción se determina en función del estímulo más fuerte; en cambio, el ser humano, gracias a su libertad, es dueño de sus actos y es capaz de discernirlos desde la interioridad de la elección. Sólo el ser espiritual es capaz de interioridad. La persona es, por definición, espiritual y su espiritualidad se demuestra porque ni el conocimiento intelectual ni la acción volitiva dependen intrínsecamente de la materia.

El orden moral califica no sólo los actos externos, sino también los internos. Quien consiente libremente un hurto, quien decide robar, comete un acto de latrocinio -aun si por algún impedimento externo no llegara a su ejecución-. Quien se apodera de lo ajeno sin la justa anuencia de su legítimo dueño ignorando inculpablemente que el acto es ilícito, no comete inmoralidad alguna. La diferencia entre querer y tolerar, se da en el interior del sujeto. El orden de la intención de quien obra, se encuentra en el mundo de la interioridad.

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2 Comentario de la INTERIORIDAD el Mar Oct 05, 2010 5:24 pm

Andaba yo como el Eunuco de Candaces, reina de Etiopía, que lo cuenta la Biblia, dando vueltas, haciéndole preguntas a un texto leído recientemente: ‘Entra dentro de ti, donde Dios te espera’. No entendía ese ‘dentro’ que sólo por referencia a ‘fuera’ podía atisbar. Y nadie me lo explicaba. ¡Eso sí! Una anécdota hoy recurrente, con el mismo mensaje, aunque suavizado por el tiempo y a punto de ser insignificante, me despertó. ‘En un principio todos éramos dioses. Pero dentro de una jerarquía había dioses mayores y dioses menores. Y los hombre, dioses menores, pecamos y el Dios grande consultó con los dioses intermedios para aconsejarse sobre dónde tenía que esconder el gran poder que los hombre tenían y del que, por su pecado, les iba desposeer. Le dijeron que lo escondiera arriba, arriba, bien arriba… Y Dios grande dijo que no, ya que los hombre con el tiempo subirían y lo encontraría. Le dijeron que abajo, bien abajo. Y tampoco lo creyó oportuno porque los hombres bajarían y lo encontrarían. Ante el silencio de los dioses consejeros, Dios grande dijo: ‘Ya sé dónde lo voy a esconder. Lo esconderé dentro de cada uno, porque ahí no se les va a ocurrir ni mirar’.

Y un día volvió a surigir como una enfermedad mal curada. Un día en que algo desorientado en el plano de un gran edificio oficial, llamé a la puerta de una oficina alguien, desde dentro, dijo: - ¡Entre!
De repente y sin saber por qué, sentí que todo me daba vueltas. No entré; me había equivocado de puerta y, como avergonzado, me retiré calladamente mientras oída más lejos y algo destemplada ya, la misma ‘invitación: ¡Entre! ¡La puerta está abierta…’! Las últimas palabras sólo las adiviné… Como quien entiende todo al revés o desde un sorprendente descondicionamiento, ‘entre’ era una invitación más honda, más seria, menos ligada a puertas oficiales o a sencillos departamentos donde la gente vive. Sentí que era una invitación-venida de la nada, en apariencia- a habitar mi propia casa donde en aquel momento ‘no vivía nadie’.
¿Era una gracia? ¿Era una autosugestión? De todos los modos me acordé de aquella afirmación del Zen. Afirma que para quien está preparado el caer de un simple hoja, podía ser la ocasión para un ‘satori’ (‘éxtasis’).
Very Happy

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