FILOSOFIA Y LOGICA

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naciones basicas de etica general

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1 naciones basicas de etica general el Mar Oct 05, 2010 4:23 am



1. Para Aristóteles, el orden moral o del obrar es el que se orienta al fin último de toda la vida humana. La consideración de fines no últimos o particulares pertenece, por el contrario, al orden técnico o del hacer. La ética trata de orientar la acción no sólo para lograr alguna meta particular, sino considerando toda la realidad. Orienta el logro de la realización integral del ser humano iluminando el ámbito entero de su ser: su naturaleza y sus fines; y -con ello, como la otra cara de una misma moneda- el logro de sus legítimas aspiraciones. El fin del hombre es la vida feliz.

2. La diferencia entre el orden moral y el técnico puede considerarse en los siguientes ejemplos:

Realizar una serie de intervenciones quirúrgicas, podría ser un medio eficaz para alargarle la vida a una persona. Esta es la dimensión técnica o poiética del asunto. Pero para considerarlo desde el punto de vista ético, hace falta preguntarse si en vista de la realización integral de la persona vale la pena el hacerla sufrir tanto sólo para prolongar su agonía.

Un medio muy eficaz de conservar especies en peligro de extinción, es el dotarlas de una reservación en donde se les proteja. Este es un asunto técnico práctico. Para contemplarlo desde la ética haría falta considerar si el dotar de tierras a la reservación no implica disminuir el espacio vital y la tierra de siembra de los nativos de la región.

3. El hombre que realiza sus funciones de nutrición, crecimiento y reproducción, se realiza sólo en tanto que vegetal y se frustra en su integralidad, mientras la moral lo impulsa a realizarse como hombre. El que desarrolla sus percepciones sensibles y sus sentimientos pasionales, se realiza sólo en cuanto animal frustrándose en su integralidad, mientras la ética lo impulsa a realizarse en todas las dimensiones humanas.

I. VISIÓN INTEGRAL DE LA PERSONA

La intemporalidad.

4. Mientras que el resto de los seres orgánicos son inmanentes al tiempo, la persona lo trasciende. Desde los albores del pensamiento, distintos filósofos han sido capaces de demostrar racionalmente el carácter inmortal del alma humana. La consideración de la persona como un ser meramente intramundano es atentatoria de la consideración integral del hombre. Si con la muerte termina el ser del humano, la tendencia natural a la vida feliz está llamada a la frustración, entre otras razones, porque la felicidad incluye la permanencia en la dicha y, por tanto, la permanencia en el ser. Además, la dicha mezclada con el dolor es imperfecta mientras que la felicidad exige la perfecta posesión del bien sin carencia alguna. Por eso, el orden técnico o de la eficacia se orienta a los fines temporales o intramundanos, mientras que el orden moral -tendiendo al bien absolutamente último del hombre- se orienta al fin eterno.

La interioridad.

5. Mientras que los seres infrahumanos se encuentran determinados respecto a su acción y si se trata del mundo animal -en el que se da el conocimiento sensible- esta acción se determina en función del estímulo más fuerte; en cambio, el ser humano, gracias a su libertad, es dueño de sus actos y es capaz de discernirlos desde la interioridad de la elección. Sólo el ser espiritual es capaz de interioridad. La persona es, por definición, espiritual y su espiritualidad se demuestra porque ni el conocimiento intelectual ni la acción volitiva dependen intrínsecamente de la materia.

El orden moral califica no sólo los actos externos, sino también los internos. Quien consiente libremente un hurto, quien decide robar, comete un acto de latrocinio -aun si por algún impedimento externo no llegara a su ejecución-. Quien se apodera de lo ajeno sin la justa anuencia de su legítimo dueño ignorando inculpablemente que el acto es ilícito, no comete inmoralidad alguna. La diferencia entre querer y tolerar, se da en el interior del sujeto. El orden de la intención de quien obra, se encuentra en el mundo de la interioridad.

La apertura espiritual.

6. Los seres inorgánicos, los pertenecientes al aún llamado reino mineral, se comunican entre sí por el contacto físico. Los seres vegetativos se comunican además orgánicamente. Los animales son ya capaces de unirse a través del conocimiento. Mientras más perfectos son los seres, se observa que se comunican entre sí más profundamente y de modo especial con aquellos que más se asemejan. Entre las arenas de la playa no cabe más que un contacto físico; una brizna de arena arrastrada por el viento puede depositarse en una gota de grasa en un velero, haciendo con ella un amasijo, sin sentir la necesidad de volver con “los suyos”. Una golondrina, por el contrario, sigue a su parvada, muestra una cohesión más fuerte con otras golondrinas que con el resto del universo. Alcanza un sentido gregario. La dimensión espiritual permite y promueve la comunicación del pensamiento -ideas, sentimientos inteligenciados, quereres, proyectos, decisiones…

7. El hombre consciente de sus limitaciones recurre a otros hombres para sobrevivir y para vivir mejor. Con ello intuye la condición precaria del individuo, frente a la riqueza de la especie. El hombre se da cuenta de que con otros hombres, es capaz de plantearse metas en cuya consecución participen juntos. Con ello intuye la participación en el bien común. Así el hombre se instala en el orden social.

8. El espíritu está polarizado por el espíritu. Es capaz de conocer su semejanza con otro y, por lo tanto, de amarle. El fundamento del amor es la semejanza. La persona humana es “otro yo” un alter ego para el hombre. Incrustada en esta dimensión, la persona humana no se concibe integralmente sino hermanada con toda la humanidad. Por ello, la persona humana debe procurar el bien de las personas a su alcance y principalmente el de aquellas que con ella forman sociedades más íntimas: la familia, la familia extensa, las amistades, los colaboradores (en el sentido de los que laboran juntos), el municipio, la ciudad, la patria…

9. El ser humano es también capaz de descubrir que existe un ser personal -es decir espiritual- por excelencia, que es el autor de todo el universo: Dios. Sabido esto, se da cuenta de que su deuda de gratitud con el Todopoderoso es inconmensurable, ya que le debe todo lo que es. Así comprende la necesidad de comunicarse ejerciendo su apertura con Él, apertura más profunda que con los hombres -sus semejantes- por que el Zeos -como lo nombraba Aristóteles- no sólo es semejante a él, sino el fundamento de su semejanza. Porque el ser de la persona humana es participación del ser de su Creador, el amor a Dios, aún en el orden natural, es mayor al amor propio. En esta situación -después de haberse percatado de la existencia de un Dios personal el hombre se sabe en deuda de amarlo por sobre todas las cosas.

Aquellas personas que se encuentran al margen del conocimiento de Dios, no por ello quedan al margen del orden moral. La consideración de Dios en el orden moral natural complementa el sentido de la moral y le da un fundamento mucho más sólido. Sin embargo, es asequible para todos los hombres con uso de razón el conocimiento del orden moral, mientras que no lo es tanto el descubrimiento de la existencia de Dios y de sus propiedades esenciales.

Los actos voluntarios

10. El hombre actúa de diversas formas según que pueda regir su acción o simplemente padecerla -como los seres infrahumanos-.

El hombre tiene actos tales como digerir los alimentos, bombear la sangre, u oxigenarla, soñar, dormir, reparar las células de su organismo, etc., los cuales son ajenos a su control voluntario, y por lo tanto son involuntarios. También es capaz de realizar actos voluntarios tales como comer pastel, decidirse a matar a una serpiente, querer dar a otro su derecho o atender a una explicación.

11. Todos estos ejemplos se refieren a actos imperados en los que la voluntad rige a otra facultad: rige al apetito concupiscible al comerse un pastel, al apetito irascible al decidirse a matar a un reptil, a la propia voluntad al determinarse a ser justo y al intelecto al querer atender a una explicación.

Por último, el hombre puede realizar actos puramente voluntarios como el amar la justicia, el odiar la rusticidad, el envidiar la elocuencia. Estos son actos voluntarios elícitos o producidos exclusivamente por la voluntad sin la intervención de otra facultad distinta a ella. En virtud de que la persona debe conducirse en cuanto tal, el hombre debe imperar todo lo que pueda imperar.

12. Así, las acciones de un hombre pueden ser involuntarias o voluntarias.

Acciones del hombre:

a) Involuntarias (o actos de hombre)

b) Voluntarias ( o actos humanos)

Los actos voluntarios están siempre sujetos a la moralidad.

13. El acto voluntario admite varias divisiones, en función, claro está, de diversos fundamentos. Respecto a la o las facultades que los produzcan, los actos voluntarios se dividen en Elícitos o Imperados.

Acto voluntario:

a) Elícito (exclusivo de la voluntad)

b) Imperado (proveniente de otra facultad pero regido por la voluntad)

14. En el acto voluntario cabe distinguir dos etapas: la primera es aquella en la que la dinámica del acto libre llega al momento de la elección. Este es el ámbito del acto interno. X decide estudiar medicina. M decide participar en un asalto. Z decide aumentar su amor por los demás deseándoles los bienes mejores. Si X no se inscribe en la escuela de medicina, si M no participa en el asalto, los actos de X, M Y Z son actos voluntarios internos y -como todo acto voluntario sujetos a la moralidad.

La segunda etapa del acto voluntario, se completa en la ejecución. Este es el ámbito del acto externo. Si X se inscribe en la escuela de medicina, y M participa en el asalto sus actos voluntarios son externos. No cabe identificar los actos elícitos a los internos y los imperados a los externos.

Si L decide ponerle fin a sus sentimientos de ira, su acto es interno e imperado. Así el acto voluntario, en función de su etapa ejecutiva, se divide en interno y externo.

Acto Voluntario:

a) Interno (etapa de la elección)

b) Externo (etapa de la ejecución)

15. El acto voluntario también puede dividirse en directo o indirecto, según que se lo quiera (ya sea como fin o como medio) o que queriendo el acto no se quiera un efecto previsible del mismo, sino que simplemente se lo tolere. W que está enfermo, quiere su salud (como fin) y quiere someterse a que lo inyecten (como medio) pero no quiere, sino que sólo tolera, el efecto previsto de la inyección: el dolor y la aversión al pinchazo. Respecto tanto a la salud como a utilizar la inyección para conseguirla, los actos de W son voluntarios directos. Respecto a los efectos desagradables de la inyección al acto es voluntario indirecto.

16. Al voluntario indirecto se le llama también acto de doble efecto.

El recurso al voluntario indirecto, permite que algunas prohibiciones morales relativas puedan justificarse.

Así, por ejemplo, se puede dejar morir a una persona como resultado tolerado de una omisión voluntaria, o como resultado tolerado de una acción querida.

V puede omitir darle a su hermano moribundo el tónico cardiaco, indispensable para el funcionamiento de su corazón ya que el dárselo únicamente prolongaría la agonía-, omite dárselo no sin el resultado previsto de la muerte del hermano.

T puede dejar morir a su bebé nonato si estando embarazada le sobreviene una apendicitis aguda y debe someterse a una intervención quirúrgica, uno de cuyos efectos previstos será la muerte del niño.

17. Para la licitud moral del voluntario indirecto es preciso cumplir con cuatro condiciones:

1) El efecto permitido no debe ser intrínsecamente malo.

2) El efecto malo no debe ser querido ni intentado como fin ni como medio, sino solamente tolerado.

3) Para permitir el efecto malo debe haber razones proporcionalmente Importantes.

4) El efecto bueno no debe conseguirse por medio del efecto malo y no efectuarse antes que el bueno.

Un objeto intrínsecamente malo como es el quitarle la vida a un inocente nunca y en ninguna circunstancia es justificable, por eso tampoco lo es como efecto del voluntario indirecto. En el ejemplo antes expuesto, ni T ni los médicos le quitan la vida al bebé: sino que permiten que se muera, lo cual es muy distinto. Lo mismo sucede con el caso V. Otra cosa sería si V envenenara á su hermano para aliviar su agonía, o si T se practicara primero un aborto para que la apendicetomía resultara más segura. Estos casos son injustificables porque el efecto es intrínsecamente malo.

Si V quisiera la muerte de su hermano para cobrar un cuantioso seguro y con esa intención -además de la de no prolongarle la agonía- omitiera darle el medicamento cardiaco, cometería un acto inmoral. No estaría cumpliendo con la segunda condición que ordena no querer ni intentar sino tolerar el efecto malo del acto.

En el caso de que T se operara la cara para restirarse la piel y mejorar estéticamente, estando embarazada, no habría razón proporcional para permitir la muerte del bebé y actuaría moralmente mal. En estas circunstancias no cumple con la tercera condición para la licitud del voluntario indirecto.

M, que es enfermera, se encuentra en un lugar deshabitado con dos personas picadas por un animal letalmente ponzoñoso, teniendo antídoto sólo para una de ellas. Como no puede superar la responsabilidad de elegir a una para sal varia y dejar morir a la otra, espera a que una de ellas muera y le aplica el antídoto a la sobreviviente. La conducta de M es inmoral, ya que no cumple con la cuarta condición del voluntario indirecto, dejando que suceda el efecto malo para intentar después el bueno.

18. Un acto que debiera ser voluntario puede no serlo debido a la falta de uso de razón o a la pérdida de su uso definitiva o temporalmente.

Así un pequeño de dos o tres años no tiene responsabilidad moral porque su falta de uso de razón impide el voluntario. Lo mismo sucede con un débil mental que no sobrepasa una edad psicológica de seis años, con una persona senil que ha perdido la razón, con un hombre muy ebrio que no es capaz de libertad o con un drogado en las mismas condiciones. Con miedo de tal magnitud que impida la razón, sucede lo mismo. También la ignorancia quita el carácter voluntario del acto. Si esa ignorancia es invencible no cabe la falta moral.

II. LOS CRITERIOS DE MORALIDAD

19. Criterio de moralidad es aquello en función de lo cual se sabe que una acción es moralmente buena o mala.

El criterio próximo objetivo de moralidad es la recta razón, llamada también razón verdadera. El criterio remoto o último, objetivo, de moralidad es la ley natural moral. El criterio subjetivo de moralidad es la conciencia.

La recta razón.

20. Siglos antes de Jesucristo, los filósofos de la moral señalaron como requisito de la conducta humana el que estuviera de acuerdo con la razón (con la recta razón).

¿Qué es la recta razón o la razón verdadera? Aquella reflexión del hombre que le descubre cómo puede realizarse íntegramente como persona. La razón que indica los fines de toda la vida humana. La razón que presenta cuál es la clase de conducta que corresponde a la dignidad de la persona humana. Tal es la recta razón.

21. Realizarse íntegramente como persona humana, significa tomar en consideración que se es un animal racional y, por lo tanto, corpóreo-espiritual. Un ser integrado por miembros y facultades. En cuanto persona, el hombre se encuentra abierto a las otras personas humanas, ya que por ser racional está naturalmente relacionado y obligado con todos los hombres y en especial con los más allegados. También se encuentra abierto a Dios, que es un ser personal, fundamento de todo ser y prototipo de toda persona. En cuanto persona humana, necesita de los seres infrahumanos para sobrevivir y para vivir bien.

Se trata de un ser orgánico frágil y necesitado, cuya sensibilidad y tendencia a la posesión deben ser racionalmente reguladas. De un ser cuya duración trasciende al tiempo y cuyos proyectos de realización deben tener la amplitud de la eternidad. Se trata de un ser responsable por su propia persona y por el respeto y amor debidos a las demás personas en función de su jerarquía.

22. La recta razón cumple con las condiciones de la norma en general, porque:

a) es universal, de ella se deducen para todos los hombres, las mismas reglas morales;

b) de ella pueden derivarse todas las normas de moralidad -las relativas a todas sus partes y a sus distintas relaciones-, es completa;

c) es inmutable en lo substancial y variable en lo accidental;

d) está siempre frente al hombre. es manifiesta.

23. ¿Por qué conducirse de acuerdo con la recta razón? Porque, como ya se dijo, la dinámica de la persona debe corresponder a su dignidad constitutiva o se frustra. Porque nobleza obliga. Porque de no seguir a la recta razón, no cabe la realización de la persona íntegramente considerada. Porque de no seguir a la recta razón la persona no alcanza su fin último y su vida eterna estará marcada por el fracaso. Porque de no seguir la recta razón la persona no logra su felicidad, la cual es la motivación de las motivaciones o el anhelo de los anhelos de cada ser humano.

24. La recta razón muestra a la persona que no se puede conducir como un ser infrahumano el cual:

a) no es dueño de sus acciones, sino que sigue fatalmente, en cada ocasión, al estímulo más fuerte y que;

b) no se sabe digno y aun más, absolutamente digno;

c) desconoce que tiene un fin último y cuál es.

Supongamos que X decide conducirse, durante un curso escolar de un modo irracional. Durante ese lapso de tiempo hará lo que se le antoje, dirá lo que venga en gana y pensará en lo que le apetezca. Probablemente X perderá el curso escolar, perderá a sus amigos, desilusionará a sus padres y se verá a sí mismo como una pluma al viento disminuyendo su autoestima y aún sensualmente desencantado de la experiencia.

Lo anterior muestra que si el hombre actúa al margen de la razón no encuentra una dicha medianamente estable y mucho menos la felicidad. Los filósofos epicúreos, que afirmaban que el hombre está hecho para el placer y en él encuentra la felicidad, hacían advertir, sin embargo, que había que vivir el placer de acuerdo con la razón, por lo cual desaconsejaban un gran número de placeres por lo que prácticamente inducían a una vida monástica o estoica.

Supóngase ahora que Z, que tiene mucho afecto por su hermana, no obstante decide estafarla y lo hace. Z no actuó en contra de la razón, su acción fue razonada en favor de un bien útil -como es el dinero- y aún en contra del afecto sensible que lo inclina en favor de su hermana. Pero actuó en contra de la recta razón. Se comportó de modo infrahumano porque, no tomó en cuenta los fines de toda la vida humana. No consideró que el sufrimiento de ella constituye un impedimento para la dicha de él, no consideró que su acción deteriora gravemente su autoestima. No tomó en cuenta que la apertura del espíritu exige la solidaridad con el semejante. No basta, por lo tanto, actuar de acuerdo con la razón, es preciso hacerla de acuerdo a la recta razón.

25. La recta razón muestra a la persona que no puede conducirse ignorando a los demás. W vive en un poblado al que acaba de azotar un huracán, que no dañó a sus propiedades lo cual lo deja indiferente porque él sólo se preocupa por sí mismo. En esa situación gana el premio mayor de la lotería. Telefonea a su hermana quien le comunica la muerte de su cuñado y su tristeza. Telefonea a un amigo de la infancia quien le comunica que se quedó sin trabajo. Telefonea a su compadre quien le dice que está enfermo y se siente muy mal. Después de lo anterior W se queda malhumorado y parcialmente triste.

R recibe dos noticias al mismo tiempo. Un pariente lejano lo nombró heredero único de una inmensa fortuna que le permitirá dejar de trabajar y realizar muchos de sus sueños. El médico de su hijo le comunica que al muchacho habrá que amputarle una pierna. R habría dado su fortuna si con ello pudiera remediar el sufrimiento de su hijo al quedar lisiado. Nadie puede disfrutar de un helado frente a un niño mendigo que lo contempla con antojo.

Lo anterior hace ver que el fin de toda la vida humana, incluye la dimensión de la sociabilidad. De tal modo son semejantes los hombres entre sí, que participan de la misma naturaleza y constituyen una sola especie. El fundamento del amor es la semejanza. A mayor semejanza entre los hombres, mayor amor entre

La recta razón muestra a la persona que no se puede conducir como un ser infrahumano el cual:

a) no es dueño de sus acciones, sino que sigue fatalmente, en cada ocasión, al estímulo más fuerte y que

b) no se sabe digno y aun más,

c) desconoce que tiene un fin último y cuál es.

La ley natural moral se refiere al descubrimiento que realiza el hombre de su dimensión moral y de las obligaciones que esta dimensión lleva consigo ellos. El hombre de un modo natural ama a sus semejantes, vislumbra que el mal ajeno de alguna manera lo afecta; y reconoce que el daño voluntario al otro repercute en un daño a sí mismo, al menos en el sentido de reducir su autoestima y hacerle confesar que su conducta no alcanza la estatura de su dignidad humana. El bien común es también el bien propio. He aquí la importancia de la apertura hipostática y la solidaridad específica.

La ley natural moral

26. La ley natural moral se refiere al descubrimiento que realiza el hombre de su dimensión moral y de las obligaciones que esta dimensión lleva consigo.

Todo hombre con uso de razón sabe que debe hacer el bien y evitar el mal. De este imperativo principal, es capaz de deducir una serie de normas fundamentales como la de no matar a las personas, no robarles ni mentirles, no ser glotón ni embriagarse, usar del sexo como corresponde a la dignidad humana, etc. Estas normas se reducen a ser señor de sí mismo -no convertirse en juguete de las pasiones - y a amar a las demás personas y por lo tanto no dañarlas.

El alcance de la ley natural moral es mayor que el de la recta razón, especialmente en el sentido de que una vez descubierta la existencia de Dios de un Dios espiritual, se entiende- el hombre comprende que la ley que encontró en su naturaleza procede del mismo Ser que ha estructurado esa naturaleza, con lo cual su obediencia se hace a la vez más razonable y más dulce. Y comprende, también que siendo ese Dios un ser espiritual es por ello un ser personal abierto a él y semejante a él de un modo especialísimo: siendo el fundamento de toda semejanza, más íntimo a él, que él mismo.

27. La mentalidad racionalista concibe a la conciencia como un depósito interior de contenidos morales innatos, una especie de enciclopedia moral con la que todo hombre viene al mundo. Se trata de un craso error. La conciencia ni siquiera es una facultad, menos aún el contenido innato de un compendio subjetivo.

La conciencia es un juicio intelectual. Tiene dos variantes: la primera es el juicio que determina si un acto es o no voluntario; la segunda que determina si un acto voluntario se asimila o contraría a la ley moral o a la recta razón.

28. En ocasiones puede confundirse el consentimiento moral con la simple atracción del lado positivo de un acto proscrito. Ante la duda, la “conciencia” mediante un juicio reflexivo aclara si hubo acto voluntario, ya que sólo éste es sujeto de moralidad.

Al hombre se le pueden ocurrir las conductas más aberrantes. Pero la simple ocurrencia no es un acto humano o voluntario y por lo tanto no tiene relevancia moral. Tampoco la tiene la simple inclinación del sujeto ante el atractivo de un acto indebido, ni siquiera la ponderación o la consideración de este acto como una alternativa de conducta.

29. Pero el juicio de conciencia también recae sobre el acto voluntario contrastado con la ley moral. Por lo tanto, el conocimiento de la ley moral debe preceder al ejercicio de la conciencia, de lo contrario ésta no tendría modelo alguno para comparar con él el acto voluntario. La conciencia antecedente tiene lugar “antes” de la acción. Yo juzgo que si elijo asaltar un ferrocarril, como hurtar es moralmente malo, mi acto será moralmente malo. La conciencia consiguiente es un juicio posterior al acto. Puesto que todo hombre debe obedecer a la ley moral y también obedecer a su conciencia, la única manera práctica de conseguirlo es formarse una conciencia recta, es decir, acorde con la ley moral, opuesta a la conciencia errónea.

El compendio de la normatividad ética.

30. Todo lo anterior conduce a afirmar que caben dos normas éticas fundamentales postuladas por la recta razón o por la ley natural moral: la necesidad de gobernar las pasiones o la sujeción de la vida inferior del hombre a la razón verdadera y la necesidad de solidarizarse con las demás personas.

31. La dimensión moral del acto voluntario está constituida por tres elementos: el objeto, el fin y las circunstancias.

32. El objeto es el que señala el fin propio de la obra (como el robo del acto de robar), su especie. Es el elemento esencial del acto humano. Puede ser bueno, indiferente o malo.

33. El fin señala la intención del sujeto que obra (como robar por venganza). Es el elemento principal del acto humano. Ya Aristóteles señalaba que quien roba para adulterar es más un adúltero que un ladrón. En casos como el anterior, el fin podría convertirse en objeto del objeto. Puede ser bueno o malo -nunca indiferente-o Para ser bueno exige estar orientado al fin último de toda la vida humana, al bien honesto.

34. Las circunstancias señalan los elementos accidentales que rodean al acto voluntario. Pueden referirse a las circunstancias clásicas: qué, cómo, con qué, con quién, dónde, cuándo, etc.

Algunas circunstancias pueden cambiar un objeto bueno o indiferente y convertirlo en malo. La relación sexual (objeto indiferente) de un soltero (circunstancia) se convierte en acto lujurioso. El robo con violencia se convierte en asalto. También pueden agravar o atenuar un acto malo y hacer menos bueno o mejor un acto bueno. Nunca pueden justificar un objeto malo. Estas mismas funciones corresponden al fin (que algunos moralistas consideran como una de las circunstancias), en el sentido de que un fin bueno no puede bonificar a un objeto malo, se afirma que “el fin no justifica los medios”. Las circunstancias pueden ser buenas, malas o indiferentes.

35. El bien exige plenitud, mientras que el mal se da por cualquier defecto. Por ello, el acto moralmente bueno, exige la bondad de sus tres elementos. La malicia moral -o la falta de bien debido- de cualquiera de esos elementos hace que todo el acto sea malo.

III. ÉTICA y PRUDENCIA: LO NECESARIO Y LO CONTINGENTE

Lo especulativo y lo práctico.

36. A menudo los individuos suponen que tratar de temas éticos consiste en externar las preferencias de cada quien. Bajo esta perspectiva las opiniones más dispares adquieren igualdad de derechos sobre el tapete de la discusión. En consecuencia los pretendidos temas éticos se convierten en tópicos frívolos propios de una charla de café.

Este es el precio que se paga por desconocer que la Ética es una ciencia filosófica que trata de asuntos necesarios y llega a conclusiones ciertas con un rigor semejante -si no mayor, aunque de otro ordenal de las ciencias físicas y al de las matemáticas.

Por otra parte hay quienes, en consonancia con Benito Spinoza, pretenden deducir -al modo geométrico- la normatividad ética, intentando llevar la certeza a todas las situaciones particulares y concretas del obrar humano. Este precio se paga por desconocer que los asuntos contingentes -y por lo tanto opinables- del orden moral, corresponden a un saber práctico llamado Prudencia.

37. La Ética es primariamente especulativa y secundariamente práctica. Por ello es primariamente científica, interesada por todo lo que de necesario hay en el comportamiento humano y en sus fundamentos. Es contemplativa por las mismas razones. Y presenta con rigor juicios ciertos en el orden moral. Por ser secundariamente práctica, pretende dirigir -aunque de manera remota- la conducta del hombre.

Así el orden moral es un campo en el que se combina lo necesario con lo contingente y lo cierto con lo opinable. Por eso el saber filosófico de lo moral, que es la ética, es un saber muy difícil, en el que se requieren multitud de distinciones y que de ninguna manera cabe simplificar. Sin la iluminación de los principios necesarios y universales de la Ética, la Prudencia se convierte en un relativismo práctico y el relativismo constituye la muerte de la moral.

Normas absolutas y relativas

38. La Ética facilita explicitar los contenidos de los primeros principios del orden moral que mandan hacer el bien y evitar el mal. La primera cuestión que se presenta es determinar lo que es el bien y lo que es el mal.

El bien moral es lo que lleva a la consecución del fin último de toda la vida humana, es el comportarse de acuerdo con la recta razón (gobernando las pasiones y actuando solidariamente con las demás personas) es el promover que las personas actúen a la altura de su dignidad absoluta. Cumplir con estas directrices abarca una inmensa cantidad de modalidades en el obrar y abre el campo a la creatividad y al ejercicio de la libertad. El mal es aquello que impide la consecución del fin último del hombre, el comportarse en desacuerdo con la recta razón…

39. Cabe una graduación muy amplia de modos de comportarse de acuerdo o en desacuerdo con la recta razón. Por ello resulta apremiante identificar ciertas conductas intrínsecamente malas, las cuales nunca son lícitas. Es decir, resulta indispensable marcar los límites del bien, señalar los bordes del precipicio cuyo traspaso puede lastimar o aún truncar la realización de la persona.

Que ciertas especies de acción sean intrínsecamente malas significa que ninguna circunstancia, ni ningún otro fin ulterior es capaz de bonificarlas o justificarlas. Por lo tanto, esas acciones exigen ser perfectamente determinadas. Para ilustrar el modo en el que deben ser ellas determinadas considérense los siguientes casos.

40. X es un padre de familia que encuentra a su pequeño hijo amagado por un ladrón con una pistola sobre su cabeza. X le dispara al ladrón y lo mata.

Un hombre entra en una oficina en la que hay veinte personas, mata a dos con una metralleta y se dispone a matar a las demás. Z, que está en una habitación interior, tomando por sorpresa al agresor, le dispara y lo mata.

Un niño de seis años, hijo de R que es militar, se pone a llorar porque un vecinito le dice que su padre, por ser militar, se dedica a matar, así que es un asesino.

M se alquila para matar. El cliente le señala a la víctima y él le quita a la vida.

L tiene un negocio de controlar plagas, ratas especialmente. Su sobrino bromea con él diciéndole que es un matón a sueldo, un asesino impune.

R está a punto de morir estrangulada por un asaltante, antes de perder el conocimiento alcanza un arma y mata al asaltante.

Q asalta una tienda con un arma de fuego. No pretende matar al tendero, pero lo hace para evitar que llame a la policía.

P mata a su amigo porque le tiene envidia.

Mientras que la acción de P -que mata por envidia- y la de M cuyo oficio es matar son obviamente muy malas, la acción de Q -que mata como medio de salvarse de la policía asiendo mala no tiene el mismo grado de malicia que las anteriores.

La acción de R que mata a quien la está matando, es un caso claro de defensa propia y está plenamente justificado.

El trabajo militar de R consiste en defender a sus compatriotas de los injustos agresores -del “enemigo”-. A, R Y a los militares en general, no les corresponde juzgar si es justa la guerra en la que pelean -a menos que sea a todas luces injusta.

Z y X no sólo tienen la justificación para matar a los injustos agresores, sino aún la obligación de hacerla. Z porque está en posibilidad de evitar la muerte de dieciocho personas; y X porque tiene la responsabilidad de defender a su familia de los injustos agresores.

L, el exterminador de plagas, tiene un negocio honrado, evidentemente.

Así se manifiesta que la escueta acción de “matar” no es intrínsecamente mala; tampoco lo es la acción de “matar personas”. Lo que es malo siempre, bajo cualquier circunstancia y sin excepción alguna, es quitarle la vida a un inocente y a esto precisamente se refiere la prohibición de matar, que se encuentra en los más diversos códigos de moral.

41. Considérese ahora la especie “robar”.

B se da cuenta de que un colega suyo se lleva una pluma -regalo de su esposa- marcada con la “B”; este colega la guarda en su portafolios. Cuando el colega sale al banco, B abre el portafolios y recupera su pluma.

C lleva tres días sin comer.

El sabe que la propiedad privada es un derecho, pero también que la conservación de la vida àen caso de extrema necesidades un derecho anterior al de la propiedad privada. Así que entra a una tienda de comestibles y sustrae ocultamente lo necesario para comer.

D le quita la pistola a su socio sabiendo que intenta asesinar con ella.

F utiliza el miércoles el automóvil que le prestó su vecina.

G utiliza el miércoles, sin permiso, el automóvil de su vecina.

H sustrae dinero de la caja de su jefe para pagar los estudios de su hijo.

J es carterista. K es asaltante.

Las acciones descritas de B, C, D y F son “robos” aparentes pero no reales. En el caso de B porque no toma lo ajeno, sino lo suyo, en el caso de C porque no toma lo ajeno sino lo de propiedad común para la extrema necesidad, D porque toma lo ajeno pero contra la injusta voluntad de su dueño.

F porque toma lo ajeno con la anuencia de su dueño.

En cambio, las acciones descritas de G, H, J Y K son ilícitas todas ellas aunque con distintos grados de malicia.

De aquí se desprende que la prohibición moral de “robar” se refiere a tomar lo ajeno contra la legítima voluntad de su dueño.

42. Mientras que una especie de acción intrínsecamente mala nunca puede justificarse o bonificarse aunque el fin o las circunstancias sean muy buenas, por el contrario, una especie de acción buena puede volverse mala en razón del fin subjetivo o de las circunstancias. Por ello las normas absolutas siempre tienen carácter negativo. Para el bien se exige la perfección de todos los elementos, en tanto que el mal se da por cualquier defecto.

Enseñar al ignorante es un acto intrínsecamente bueno. Pero se puede corromper por parte de alguna circunstancia, como si lo que se enseña es a robar; o también es corruptible por parte del fin del agente (o intención del sujeto), si se enseña, por ejemplo, con la intención de humillar al ignorante o para despertar en él el odio por alguien.

En cambio, un acto intrínsecamente malo, como el de quitar la vida a un inocente, es siempre malo, bajo cualquier circunstancia y sin excepción alguna.

Respecto a las normas absolutas (negativas) el grado de certeza moral es máxima, aun en los casos particulares. En este terreno se pisa firmemente sobre los aspectos necesarios del actuar humano.

En relación con las normas relativas (algunas negativas y otras positivas), el nivel de contingencia es muy alto y por lo tanto caben indefinidas oportunidades para la libertad creativa, la que consiste en optar entre lo bueno y lo mejor, la que consiste en encontrar mil formas nuevas de hacer el bien.

El orden de la benevolencia.

43. El mandato de hacer el bien a las personas, de desearles (benevolente) el bien y de hacerles el bien (benefacere), lo mismo que las prohibiciones contrarias de evitar el mal, son normas que por regir a toda la vida humana, implican un carácter armónico y por lo tanto jerárquico. Es así que la prohibición de perjudicar a las personas incluye a todas las personas habidas y por haber. Ni es lícito calumniar a un muerto ni tampoco despojar a los hombres del próximo siglo, de los bienes comunes a la humanidad.

El mandato moral de beneficiar a las personas, lógicamente tiene que ser más restringido. Nadie puede beneficiar directamente a todos los hombres -ni siquiera a los contemporáneos- y la mayoría de las personas no pueden hacerla ni aún indirectamente. Por otra parte, los seres más perfectos son -de suyo- más amables y merecen más amor, lo mismo que los más semejantes.

44. Así, el orden de la benevolencia, el orden del amor, empieza por Dios -a menos que no se le conozca y se tenga respecto a Él ignorancia invencible-, el segundo objeto del amor es el propio yo y el tercer objeto del amor son los demás. Pero también respecto a los demás existe una jerarquía: Primero los más próximos: padres, hijos, esposos, hermanos, otros familiares, amigos, colaboradores, benefactores, autoridades, personas necesitadas… hasta llegar a los desconocidos a quienes si no se les puede hacer el bien, al menos hay que deseárselo: amarlos con benevolencia.

45. Por ello, los actos morales se califican también atendiendo a la función y al lugar que los agentes ocupan en la sociedad. Las responsabilidades morales del médico no son las mismas que las del zapatero, ni las del soltero se identifican con las del casado, ni las del militar con las del civil…

De igual modo, la atención que se debe a los hijos no es la misma que se debe a los niños de un lugar lejano, ni la que se debe aJa esposa la misma que se debe a otra mujer, no se tienen las mismas obligaciones con los conciudadanos que con los antípodas…

IV. TRES TIPOS DE NORMATIVIDAD DE LA CONDUCTA HUMANA

La normatividad “ético” cívica

46. Frecuentemente se identifica la normatividad moral con la normatividad cívica. Ciertamente un observador externo podría confundir una conducta meramente cívica con el auténtico comportamiento moral, respecto de alguna norma determinada, pero difieren en lo fundamental que es tender al fin de toda la vida humana.

La normatividad Cívica debe tomar los principios de la normatividad moral para regular la conducta en los aspectos concretos, pero no tiene la fuerza de “obligar en conciencia” sino exclusivamente a través de la .normatividad moral. Por ello en cuanto tal resulta incapaz de conservar la dimensión de interioridad en la conducta. La meta de la “ética” cívica es el bienestar terreno, el Bien común temporal. Por lo mismo, no toma en consideración el fin último del hombre ni el Bien común eterno, al menos de modo positivo.

47. De hecho, los planteamientos de la “ética” cívica revisten un carácter de bien útil, más que de bien honesto. Por eso la normatividad cívica es fundamentalmente una cuestión de arte y sólo en cierto sentido un asunto ético. La normatividad cívica pertenece al orden del hacer, o teórico a la virtud del arte (o prudencia imperfecta) y a la rectoría de la ciencia poiética, más que al orden del obrar o moral o a la virtud de la prudencia o a la rectoría de la ciencia ética. Sto. Tomás de Aquino identifica a la prudencia perfecta con el arte: “La prudencia puede tener tres sentidos (...).

Hay otra suerte de prudencia, que es verdadera, porque indaga y halla los medios aptos para llegara un fin bueno. Pem es imperfecta por dos razones: una, porque ese bien que toma como .fin no es el fin común de toda la vida humana, sino en un orden especial de cosas: así el que halla los medios aptos para negociar () navegal; decimos que es un negociante o marinem prudente (...) Finalmente hay una tercera clase de prudencia que es verdadera y perfecta; es la que delibera, juzga y preceptúa con rectitud y en orden al fin bueno de toda la vida humana. Sólo ésta es la prudencia propiamente tal”. (S Th. 2-2 Q.47 A./3)

48. Afortunadamente los esfuerzos de algunos pensadores se han concentrado en la didáctica de las distintas éticas regionales: ética de la vida (bioética), ética profesional, ética de la educación, ética empresarial. .. Tomando esta última en consideración, salvo honrosas excepciones, la tónica de los autores consiste en ofrecer una normatividad cívica fuertemente dependiente de motivaciones de carácter utilitario. En este tipo de textos los planteamientos sobre lo conveniente que es observar una conducta ética y lo inconveniente que resulta no hacerlo, se multiplican. Partiendo de que debe afirmarse que las motivaciones por el fin absolutamente último no son las únicas válidas en el orden moral, es preciso reconocer que son las apropiadas.

Lo anterior no significa que los esfuerzos de estos profesores no sean muy benéficos y’ dignos de encomio, ya que pueden lograr la apertura a la ética propiamente tal y una conducta materialmente ética, que en muchos casos, con poco esfuerzo, puede transformarse en formalmente ética. Y es preciso reconocer que algunos de sus planteamientos son, desde el punto de vista didáctico, sumamente oportunos.

49. De las tres columnas sobre las que descansa la ética, descubiertas y afirmadas por gran número de filósofos, de posturas epistemológicas diversas, desde Platón hasta Maritain, pasando por Kant, la normatividad cívica sólo rescata una y de modo incompleto.

Los postulados de la razón práctica, escribió Kant, son la existencia de Dios, la inmortalidad del alma y la libertad. La ética-cívica o técnica, excluye de su consideración -sin negarlos necesariamente tanto a Dios, como a la vida eterna del hombre. Conserva el carácter libre de la acción moral, aunque a medias, porque su planteamiento le impide integrar en el acto libre el acto voluntario interno, la intención del que obra y la indispensable diferenciación entre querer (intentar) y tolerar (permitir, soportar). El nivel cívico funciona cara a la libertad externa.

El tema de Dios, si bien es un tema propiamente filosótico y por tanto ético -es preciso recordar esto una y otra vez- o bien no se considera en absoluto, o bien si se toma en cuenta, se lo hace tangencialmente.

La normatividad ética-integral

50. La normatividad ética integral parte del reconocimiento ontológico de la dignidad de la persona. Mientras que la persona es absolutamente digna, los demás seres lo son relativamente. El carácter absolutamente digno de la persona se debe a su naturaleza espiritual. De la condición espiritual de la persona se sigue de modo inmediato su permanencia eterna después de la muerte, lo mismo que su interioridad y también su capacidad de conocer la existencia de Dios y algunas de las propiedades de la esencia divina.

Sólo la normatividad ética puede considerar a la persona de modo íntegro: en su dimensión atemporal, en su dimensión interior y en su dimensión de apertura espiritual.

Sólo la conducta ética o moral -y no meramente civil responde propiamente a la dignidad humana.

51. Puesto que todos los seres son dignos, al referirse a la dignidad humana, el término dignidad parece no ser capaz de expresar la diferencia radical, la preeminencia inconmensurable de la persona comparada con el resto de los seres. Habrá que precisar que la dignidad de la persona es una dignidad propia, mientras que la de los seres infraespirituales es una dignidad impropiamente dicha. La diferencia radica en que la persona es sabedora de la dignidad de su ser, es sabedora de que es dueña de su conducta y es sabedora de que si su conducta no corresponde a la estatura de su ser, la dinámica de su acción se corrompe, y su integralidad serracción, se frustra.

52. Como dice el refrán: nobleza obliga. En el secreto de su conciencia la persona sabe que está obligada a conducirse como persona, es decir, de acuerdo con la recta razón. La normatividad ética la obliga en conciencia. La normatividad ética impera no únicamente en sus acciones exteriores, sino también en las internas. La normatividad ética abarca el ámbito de la intención subjetiva. La normatividad ética se instala en pleno terreno del bien honesto, porque el fin al que tiende es al fin absolutamente último de toda la vida humana: al fin eterno.

La normatividad moral-religiosa.

53. La normatividad moral religiosa se supone que debe tener todas las características positivas que tiene la normatividad ética, claro que ello depende de la religión de que se trate. Considerando como ejemplo a la religión Católica- la más extendida en México e Iberoamérica- la fuerza de las razones y la de la motivación que ofrece, son muy superiores a las que proporciona la normatividad ética.

Las luces de la fe complementan a las de la razón para conocer las normas con más nitidez y para asentir a ellas, la esperanza religiosa en la felicidad eterna y el amor al Dios motivaciones que a las de la integra la persona. Por las promesas de Dios encarnado se sabe que ninguna acción buena quedará sin recompensa y que siempre se está a tiempo de alcanzar el perdón y rectificar el camino. Aunque la determinación del hombre sea débil, el empuje de la Gracia es todopoderoso.

54. Estos tres niveles de normatividades forman una pirámide y no son opuestos sino complementarios. Para ilustrarlos consideremos tres tipos de conductas.

A llevó un curso de ética en el que se convenció de que para un empresario es conveniente y útil obedecer la ley civil. Por ello paga a sus jornaleros con toda puntualidad aunque no lo haría si la ley no lo mandara.

B llevó un curso de ética en el que se convenció de que la persona debe actuar en consonancia con su dignidad. Por ello paga puntualmente a sus jornaleros y lo hace de corazón, su acto voluntario es interno y externo.

San Francisco relata que una viejecita se dio cuenta de que un ladrón se llevaba la plata de su comedor. Su reacción fue gritarle desde el balcón: “Se la regalo, le regalo mi plata”. Lo hizo para evitarle un pecado al ladrón.

La normatividad que aquí se desarrollará no será ni la civil ni la religiosa, sino la ética.

Dos vías para el planteamiento ético.

La vía didáctica.

55. Para desarrollar los temas éticos, la vía didáctica concede prioridad a los ejemplos prácticos, a partir de los cuales se descubren los principios teóricos como rectores generales de la conducta.

La vía de los fundamentos metafísicos.

56. Esta vía procede a la inversa de lo anterior. Primero establece los fundamentos para después descubrir las leyes universales y finalmente su aplicación práctica. Nosotros consideramos que esta vía es lógicamente más perfecta, aunque la vía didáctica no deja de tener un valor motivacional muy interesante.

Por lo anterior utilizamos preferentemente la vía de los fundamentos metafísicos, aunque alguna vez combinemos ésta con la didáctica, sobre todo en los temas iniciales. Y suponemos, claro está, que a la Ética Especial debe anteceder la Ética General.

EL PRINCIPIO DEL MAL MENOR

57. En ocasiones una persona puede enfrentar un dilema ante el cual, cualquiera que sea su elección, parece errada. Como nadie está obligado a realizar imposibles, a esa persona aludida le es lícito actuar en favor del mal menor. Sin embargo, para ello existen condiciones, que podrán descubrirse en los siguientes ejemplos:

a) Para vengarse de un hombre perverso que lo mandó matar, un muchacho se ve ante la disyuntiva de:

1) dejar ciega a la hija de su enemigo o

2) a su hijo.

b) Un niño necesita comprar un regalo para su mamá. Como no tiene dinero se ve ante la disyuntiva de:

1) robar a un pobre o

2) robar a un rico.

c) Un marino necesita urgentemente un transplante de hígado, existiendo una gran demanda de hígados y muy pocos donadores. Se encuentra ante el dilema de:

1) mandar robar un hígado del hospital o

2) mandar matar a un donador idóneo para utilizar su hígado.

d) Una mujer se quedó soltera no porque lo quisiera sino porque nadie le propuso matrimonio. Vive en un pueblo pequeño y lejano en el que todos los varones están casados. Se encuentra ante el dilema de:

1) adulterar con el marido de su amiga y ofenderla o

2) adulterar con el cacique y exponerlo a un posible escándalo.

e) Juan se plantea el dilema de:

1) echar de su casa a su hijo de 18 años que lleva droga a su hogar y así evitar el peligro que corre su hijo de 13 años de volverse adicto, tolerando que el mayor caiga en vicios más graves o

2) no echarlo y permitir el riesgo de la corrupción del menor.

f) A un legislador se le plantea el dilema de:

1) votar en favor de la penalización del comercio de drogas, previendo el fortalecimiento y aumento del narcotráfico o

2) votar en contra y permitir que algunos confundan lo legal con lo moral y justifiquen el uso de la droga.

58. Un examen de los casos anteriores hace advertir que:

1) Nunca es lícito intentar o querer directamente un acto intrínsecamente malo. Ni siquiera se puede tolerar como efecto colateral de un acto bueno.

2) La disyuntiva que implica plantearse un mal menor debe ser auténtica, es decir sólo cabe si las dos alternativas contempladas son las únicas posibles.

• -El caso a) muestra que no es necesario vengarse, sino evitarlo. El fin y los medios son intrínsecamente malos.

• -El caso b) muestra que no es imperativo regalar a su mamá de cualquier manera. Y que los medios no son la única disyuntiva y son intrínsecamente malos.

• -El caso c) muestra una situación de extrema necesidad, pero no sólo del marino sino también del que le precede en la lista de donatarios y del que vive con su propio hígado sano. La razón dicta que en caso de extrema necesidad, el medio para remediarla es del que está en legítima posesión de él. Este caso no plantea una auténtica disyuntiva, está la alternativa de morir dignamente sin asesinar o impedir vivir a otro. Además los medios señalados son intrínsecamente malos.

• -El caso d) muestra que no es imperativo tener relaciones sexuales, que éstas generan serias responsabilidades que no se pueden ignorar y que sólo se cumplen dentro de un legítimo matrimonio. No hay verdadera disyuntiva en el fin (la mujer puede cambiar de pueblo y buscar marido) ni en los medios. Los medios son intrínsecamente malos.

• -El caso e) aquí la disyuntiva es auténtica, no cabe una acción intermedia: o lo echa o no lo echa. Lo que tolera -en ambos casos- no es intrínsecamente malo. Puede actuar lícitamente en el sentido que considere como mal menor.

• -En el caso t) al legislador se le presenta un auténtico dilema: votar en favor o en contra (abstenerse implicaría votar por la mayoría). Ya que la ley civil no tiene obligación de penalizar todas las acciones inmorales y que lo que se tolera no es intrínsecamente malo, el legislador puede actuar lícitamente en cualquier sentido considerado por él como mal menor.

59. Las condiciones para actuar en favor de un mal menor son:

a) que no existan más alternativas (que la disyuntiva sea auténtica)

b) que ni el fin ni los medios sean intrínsecamente malos.

LA COOPERACIÓN AL MAL MORAL

60. En multitud de ocasiones acontece el tener que tomar una decisión mediante la cual se coopera con una acción moralmente mala de otra u otras personas, ya sea con un concurso físico o moral. Puesto que la persona humana debe colaborar al bien común en el cual descolla el bien moral, toda cooperación al mal moral desvía de este objetivo o lo destruye, por eso todos deben esforzarse en no cooperar con él ni siquiera materialmente.

61. No obstante, a veces se presentan situaciones en las que al no cooperar al mal, se siguen grandes perjuicios para las instituciones sociales, para los demás o para sí mismo. Por ello hay que señalar aquellos tipos de cooperación al mal que nunca son lícitos y aquellos que, cumpliendo con ciertas condiciones resultan permisibles.

62. Nunca es lícita la cooperación formal al mal moral.

Cooperación formal es aquella en la que se coopera con la voluntad ajena de hacer el mal moral.

63. No es lícita la cooperación material inmediata a una acción intrínsecamente mala.

Cooperación material es aquella que se realiza desaprobando la mala acción. Cooperación material inmediata es la que se ofrece a la acción misma.

64. La cooperación meramente material a la acción moralmente mala puede ser lícita si se cumplen las siguientes condiciones:

1. Que la acción subordinada con la que se coopera a la mala, sea buena o indiferente.

2. Que se tenga recta intención, es decir, que no se quiera ni se celebre el éxito de la acción mala.

3. Que haya causa justa y proporcionada para cooperar a la acción mala en función de la proximidad del concurso que se presta.

Sobre este tercer punto habrá que considerar:

a) La dimensión del mal que ayuda a realizar la propia cooperación.

b) La proximidad y la necesidad que representa tal cooperación con el mal moral.

c) El conflicto de intereses que se plantea entre el propio daño y el ajeno o entre el propio bien y el bien común.

65. Casos de cooperación al mal.

A es el autor de un libro que defiende la violación sexual

B es el presidente del consejo editorial que lo publica

C es el linotipista que lo transcribe

D es el corrector de estilo E maneja las prensas

F encuaderna el libro

G es el gerente de la librería que lo vende

H es la empleada de la librería que lo vende

I es la secretaria que maneja la correspondencia sobre el libro

A es ejecutor del libro escandaloso

B es cooperador formal al mal moral

C es cooperador material próximo

D es cooperador material próximo

E es cooperador material remoto

F es cooperador material remota

G es cooperador formal

H es cooperadora material

I es cooperadora material remota

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