FILOSOFIA Y LOGICA

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LA TEORÍA ARISTOTÉLICA DEL ALMA

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1 LA TEORÍA ARISTOTÉLICA DEL ALMA el Lun Sep 27, 2010 10:55 pm

La teoría aristotélica del alma
[justify]En la doctrina de Platón sobre el alma, que se remonta a través del pitagorismo a la religión
órfica, hemos visto al alma separable y separada del hombre de carne y hueso, y siguiendo un
destino que bien podemos llamar religioso. El característico dualismo platónico mundo
material/mundo inmaterial ahondaba en la antropología la contraposición cuerpo/alma, hasta el
punto de considerar al alma como habitante originaria del mundo inmaterial, y al cuerpo como
cárcel del alma. Ello conducía a Platón a proclamar para sus teorías el extraño papel de una filosofía
de ultratumba.
Aristóteles formula la cuestión del alma de una manera muy diferente. Se desentiende de la
cuestión religiosa. Es el biólogo, o mejor dicho, el filósofo de la vida, el que se pregunta por el
alma. El objeto de la psicología (psicología viene del griego psijé, alma ) para Aristóteles no es sólo
la naturaleza superior del ser humano, sino todo el ámbito de la vida, pues todo lo que tiene vida
tiene alma. ¿Qué es pues el alma?
Aristóteles aplica a la cuestión los conceptos fundamentales de su física y de su filosofía primera:
forma materia
el alma es acto mientras que el cuerpo es potencia
fin instrumento
La definición de alma que da Aristóteles es: primera entelequia del cuerpo físico que en potencia
tiene vida. El alma es al cuerpo lo que la función es al órgano: El alma es al cuerpo lo que la visión
al ojo. De esto se deduce que el alma no es un ser subsistente en sí mismo. La sustancia no es el
alma sino el compuesto de alma y cuerpo (igual que la sustancia primera era, como vimos, un
compuesto de materia y forma). Las relaciones entre alma y cuerpo ya no serán, como en Platón, las
relaciones entre dos sustancias unidas accidentalmente. En cada ser vivo hay sólo una sustancia y el
alma es lo que designa el aspecto formal (esencial) y activo de ese ser. De esto se deduce también
que el alma no trasciende al cuerpo, es decir, que no es inmortal; no hay alma sin cuerpo, como no
hay visión si el ojo no ve. Carece de sentido la doctrina platónica de la transmigración de las almas,
siendo el alma forma sustancial de un cuerpo. Como actividad (entelequia, recordemos, significa
plenitud de actividad) o principio de vida, el alma es un conjunto de operaciones de los seres vivos,
operaciones que pueden agruparse en tres clases (por lo que puede hablarse de tres almas):
+ Vegetativa, con las siguientes funciones: nutrición, crecimiento y reproducción. Las plantas
tienen exclusivamente alma vegetativa.
+ Sensitiva, con las funciones de sensación, apetito (deseo) y locomoción. La sensación va ligada
al movimiento. Las plantas no necesitan sentir porque no se mueven, realizan su alimentación
automáticamente. En cambio, los animales capacitados para moverse necesitan tener sensaciones,
pues les sería inútil moverse si no pudieran reconocer (sentir) lo que pueden encontrarse.
+ Racional, alma exclusiva del hombre, que tiene las funciones del razonamiento y la volición
racional.
Alma vegetativa, alma sensitiva y alma racional, son una serie en la cual la posterior supone la
anterior y se distingue de ella. En el hombre, como veremos en la exposición de la ética aristotélica,
las distintas operaciones se ordenan jerárquicamente en función del alma racional, que tiene (ha de
tener), como en Platón, una función rectora.
En cuanto al alma sensitiva, Aristóteles distingue con precisión distintas funciones, que se articulan
fácilmente con las funciones racionales o intelectuales. Así distingue:
a) Sentidos externos: los cinco sentidos clásicos; son potencias que pasan al acto por la presencia
en acto de los llamados sensibles propios : color, sonido, etc.
Y b) Sentidos internos, en los que distingue a su vez:
b,1) El sentido común, que no es el buen sentido habitual, sino un sentido encargado de las
siguientes operaciones:
-Percepción de los sensibles comunes. número, figura y movimiento.
-Apercepción, que consiste en la percepción reflexiva de sí mismo que acompaña a las
percepciones propias.
- Síntesis de los sensibles propios, función que permite unificar los datos provenientes de los
distintos sentidos en un mismo objeto.
b,2) La imaginación. Es la facultad que produce imágenes. Es condición de la memoria y hace de
puente con el entendimiento. La imagen, que Aristóteles define como sensación debilitada, posee la
ventaja de no requerir la presencia actual del objeto, con lo que la conciencia puede emanciparse
de lo singular y alcanzar lo abstracto y universal (que es el objeto de la inteligencia). No es
posible pensar sin imágenes, dice Aristóteles.
b,3) La memoria. En ésta se distingue la retentiva o memoria involuntaria y el recuerdo o memoria
voluntaria. Sólo los hombres tienen recuerdo, pues éste es una especie de deducción intelectual.
En cuanto al alma racional, Aristóteles define la inteligencia con esta fórmula: La inteligencia es
en cierto modo todas las cosas, lo cual parece precisamente lo contrario de una definición, pues en
ésta se trata de delimitar algo frente a todo lo demás. Pero la inteligencia está abierta a todas las
cosas: no está más cualificada para entender unas más que otras. Cada sentido está abierto a una
parcela de la realidad, para la que es sensible; ahora bien, la inteligencia no tiene ninguna
restricción. Como facultad, la inteligencia está en potencia respecto a los inteligibles. ¿Ahora bien,
cómo pasa de la potencia al acto? No podrá ser únicamente por obra de la presencia de los
sensibles, que son sin duda indispensables para la operación de abstracción, pero de los que no
podrían nacer espontáneamente los inteligibles en acto, ya que las impresiones sensibles contienen
los inteligibles sólo en potencia. Conforme a la regla general según la cual un ser sólo puede pasar
de la potencia al acto por obra de otro ser que esté ya en ese acto, Aristóteles se ve obligado a hacer
una oscura distinción que trajo de cabeza a los comentaristas medievales: la distinción entre
entendimiento pasivo o paciente y entendimiento agente o activo. Por encima del entendimiento
pasivo, que no piensa siempre, hay una inteligencia siempre en acto, que produce los inteligibles (o
más bien la inteligibilidad) a la manera de la luz que pone en acto los colores. Sobre la naturaleza de
este entendimiento, si es parte del hombre o es una sustancia separada del alma humana, si es
inmortal o no, Aristóteles siembra una confusión enorme.
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